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El Señor ha querido quedarse con nosotros
para siempre en la Eucaristía, pero –quizá - no valoremos suficientemente
este gesto.
Y si no… observemos unos ejemplos:
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Cuando nos disponemos a ver una
película, en el cine o en la televisión,
lo primero que hacemos es buscar información de la temática, actores que
intervienen, quizá el director…
- Si
vamos a ver un partido de fútbol, nos interesa saber contra quién juega
nuestro equipo preferido, qué jugadores juegan, en qué campo, en qué
puesto está el equipo en la clasificación… incluso si va a hacer buen
o mal tiempo.
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Si vamos a leer un libro, también nos
interesa saber el tema, su autor...
Pero, sin embargo, cuando vamos a asistir a
la celebración de la Eucaristía, no nos tomamos tantas molestias, por lo que
no estaría mal que nos formuláramos las siguientes preguntas:
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¿Sabemos qué lecturas se van a leer?
- ¿Las
leemos previamente en casa?
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¿Sabemos el momento litúrgico que estamos celebrando?
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¿Entendemos los gestos del celebrante o por qué cambia los colores de
sus vestimentas?
- ¿Nos
preparamos para recibir a Jesús en la comunión?
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¿Participamos en la celebración de forma activa o vamos a ver "qué
pasa"?
Para el cristiano no hay nada tan
importante como celebrar la Eucaristía.
Dios mismo se hace presente bajo las
especies de pan y vino, y Él ha querido que ocurra lo siguiente:
al comulgar,
el mismo Dios
se hace parte de nosotros
–como cualquier otro alimento
se convierte en parte de nosotros-
y nosotros nos convertimos
en parte de Él. |
Por lo tanto, no nos vendría nada más un
poco de formación -y de información- de lo que significa para un cristiano
celebrar la Santa Misa.
Los enlaces que figuran en esta página nos pueden ayudar en ese empeño.
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